Creando una cultura horizontal, sostenible y participativa de nuestra organización

Me encuentro elaborando unos nuevos materiales sobre participación para un curso y revisando materiales de cursos anteriores me he topado varias veces con algo de lo que hablo a menudo: la cultura participativa de las organizaciones.

La Cultura en una entidad es lo que identifica la forma de ser de la Asociación, su “personalidad”. A través de la cultura se manifiestan las formas de actuación ante los problemas y oportunidades, la adaptación a los cambios, la interiorización de la misión y los valores de la entidad por parte de sus integrantes… Además también se tienen en cuenta la forma en que son participes los miembros de la entidad en la propia construcción de la cultura y la transmisión de la misma las nuevas incorporaciones.

Existen múltiples ámbitos entorno a los que construir nuestra propia cultura organizacional. A mi me gusta identificar 5 ámbitos que creo deben estar presentes en una buena organización, sobre todo si queremos crear estructuras participativas y horizontales: participación, organización, comunicación, género y sostenibilidad.

Cultura de la participación

No podemos hablar de participación sin saber en qué consiste ésta y que mecanismos y criterios hacen falta para poder llevarla a cabo. Algunos criterios generales que nos ayuden a la implantación de estrategias para mejorar la participación en nuestra entidad podrían ser:

  • Las decisiones de la entidad afectan a tod@s, por tanto también deben ser tomadas por tod@s.
  • Deberemos estar informad@s sobre el funcionamiento de la entidad, los fines, destinatari@s, entorno donde desarrollamos nuestra acción…
  • El reparto equitativo de tareas es clave para la participación y para evitar el “queme” de las personas más participativas y/o el “descuelgue” de las menos implicadas.
  • Revisar nuestro trabajo periódicamente. La revisión es una actividad transversal constante y necesaria para reforzar lo positivo y cambiar lo mejorable. Es importante que estas revisiones se lleven a cabo entre todas las personas implicadas.
  • Ser coherentes con nuestros objetivos. Sólo a través de la coherencia nuestras acciones tomarán todo su sentido y llevaremos a cabo una participación real que aumente la motivación, autorrealización e implicación. Además, el propio establecimiento de objetivos, es también algo que debe implicar a los diferentes miembros de una organización.
  • Visibilizar nuestra acción. Si llevamos a cabo muchas cosas pero no somos conscientes de ello podemos tener una falsa impresión de nuestra función dentro de la entidad. Además también mejorará la percepción e imagen de la asociación de cara al exterior. Podemos usar boletines electrónicos, redes sociales, webs o blogs, revistas…

Cultura para una organización horizontal

La organización de la entidad es clave para establecer los mecanismos y procesos de participación. A través de esta organización vamos a establecer cómo será el reparto de tareas, la toma de decisiones, los órganos de decisión y representación

Para consolidar todo ello, sistematizarlo y facilitar su transmisibilidad hay que establecer unos reglamentos o documentos donde quede todo recogido. Esto también nos ayudara a implicar a más personas en su elaboración, así como a evaluar y mejorar esta organización. Además, también podremos facilitar este documento a nuevas incorporaciones o personas cercanas (familias, voluntari@s, nuevos contratad@s, soci@s…) mejorando nuestra transparencia y los procesos de transferencia en la gestión.

Para que la organización horizontal sea efectiva y perdure en el tiempo debe ser compartida e interiorizada por tod@s. Y para que esto sea posible proponemos algunos criterios:

  • Establecer criterios para un reparto equitativo de tareas. Reflejar y asegurarse que queda claro qué tareas realizar, quienes deben desempeñarlas y cuando se llevaran a cabo.
  • Ningún cargo o función debe ser vitalicio. En una entidad tod@s somos importantes pero nadie debe ser imprescindible. Una tarea monopolizada por una persona puede hacer dependiente a la entidad de esa persona. Además, no debemos ver a las nuevas incorporaciones con miedo, éstas siempre traen consigo nuevos puntos de vista que permitirán la evolución de la entidad.
  • Para que el traspaso de funciones y cargos no suponga un trauma proponemos que las tareas y comisiones no sean unipersonales, es decir se compartan entre varias personas. Además se deberá asegurar un relevo de manera que cuando una persona salga del cargo se quede otra y entre una nueva. En este sentido también es importante un acompañamiento a las nuevas incorporaciones.
  • La formación es un aspecto importante para mantener una organización viva. Para poder participar hay que saber cómo hacerlo. Deberemos encontrar los momentos para establecer sesiones formativas sobre la realidad con la que trabajamos o el funcionamiento de la entidad y la estructura de la misma. Este es un tea difícil de abordar en el trabajo día a día de las entidades (donde ya hemos dicho que habitualmente lo urgente quita tiempo a lo importante). Por ello en algunos grupos hay un cargo específico de formación dedicado a analizar carencias y necesidades formativas, así como planificar acciones y momentos concretos de formación.
  • Deberemos asegurar canales bidireccionales para que sea posible la comunicación. Por ejemplo: grupo de mensajería (siempre regulando y dinamizando su participación), buzones de sugerencias, mailings de contacto, reuniones (virtuales y/o presenciales), chats, intranets…

Cultura de la comunicación y procesos de transferencia

Nuestra entidad tiene unos objetivos pero ¿son conocidos por todas las personas? ¿Se  entienden y son compartidos? ¿Somos coherentes con ellos?… A menudo no visibilizamos lo suficiente nuestros objetivos y acciones. Sin embargo esto es importante porque a través de la transmisión de nuestros fines y las actividades que llevamos a cabo construimos la imagen que tenemos (y ofrecemos) de la entidad (interna y externamente).

Se trata de establecer canales para generar procesos de transferencia de objetivos, valores, funcionamiento, organización, visibilización de actividades y/o procesos… Y no se trata sólo de establecer canales unidireccionales de traspaso de información, sino de implicar al resto de miembros en todos esos procesos de transferencia, ya que tod@s tienen conocimientos y experiencias válidas para mejorar el funcionamiento de la entidad. Esto permitirá:

  • Implicar a los miembros de la asociación  en la misión, visión y valores.
  • Compartir una visión estratégica.
  • Mejorar el sentido de pertenencia a la entidad.
  • Contribuir a generar una estructura horizontal gracias a mecanismos  bidireccionales de traspaso de información e interacción en la comunicación.
  • Que cada persona sepa cuál es su sitio en la organización, sus funciones, tareas… así como el de otras personas.

Para todo esto no hay fórmulas mágicas universalmente válidas para todas las entidades, pero proponemos algunos criterios generales:

  • Divulgar (externa e internamente) los fines de la asociación, así como las actividades llevadas a cabo. Actualmente podemos usar boletines, blogs, redes sociales…
  • Facilitar canales de comunicación para cualquier persona. Deberemos tener en cuenta la accesibilidad a los mismos.
  • Deberemos recordar y tener presentes los objetivos de la entidad a la hora de programas nuestras actividades. Esto es también, tener presente la ideología de la entidad, deberemos ser coherentes con la misma.
  • Incluir mecanismos de participación e interacción con las familias, soci@s, voluntari@s, contratad@s…
  • Para medir la efectividad de todo lo anterior es importante llevar a cabo revisiones periódicas.
  • Tareas rotativas, compartidas y con relevos para el traspaso de saberes, habilidades y funciones.

Cultura de género

Para asegurar la participación de todas las personas sin discriminar por razón de sexo o género y evitar diferencias de poder o comportamientos propios de una cultura patriarcal en las organizaciones sociales, podemos seguir algunos criterios como los siguientes:

  • El desempeño de los cargos será independiente del género, teniendo en cuenta la paridad.
  • Tareas y responsabilidades rotativas, evaluando una asunción de responsabilidades equilibrada.
  • La formación estará destinada por igual a todos los miembros de la entidad independientemente del tema sobre el que nos vamos a formar.
  • Todos los espacios deben ser comunes y pueden ser usados por tod@s (salvo que haya necesidad de espacios diferenciados específicos que hagan frente a posibles diferencias de poder).
  • Usar un lenguaje coeducativo, hablando y en nuestros documentos (memorias, proyectos, actas…). La importancia del lenguaje es vital ya que construimos nuestros pensamientos y esquemas mentales a través del lenguaje.
  • Las decisiones se llevaran a cabo entre tod@s valorando por igual todas las opiniones. En este sentido, debemos hacer un esfuerzo por verbalizar nuestros sentimientos y emociones. Encontrar momentos para ello en reuniones, evaluaciones…
  • Buscar la mayor compatibilidad de horarios para la mayor asistencia posible a las actividades, reuniones, asambleas… y buscar la mayor conciliación posible.
  • La realización de las tareas y/o preparación de actividades  se puede realizar a través de cargos o comisiones mixtas de trabajo.
  • Si trabajamos con infancia y adolescencia desde entidades socioeducativas, es importante la representación de ambos sexos cuidando el reparto de roles.

Cultura de la sostenibilidad

Al hablar de sostenibilidad nos referimos al equilibrio de nuestra especie con el medio y, por tanto, también de las agrupaciones de personas con la interacción de los recursos del entorno. Actualmente estamos llevando a cabo una explotación de esos recursos por debajo del nivel de renovación o recuperación de los mismos, por tanto vivimos en una realidad insostenible, tanto que algun@s autores hablan de un inevitable colapso de la sociedad tal y como la conocemos.

Desde nuestras entidades, integradas en el medio ambiente y consumidoras de recursos, tenemos una responsabilidad sobre este ámbito. Por ello, proponemos algunos criterios a tener en cuenta:

  • Educar en el consumo responsable a través de nuestras actividades y acciones. En este sentido es necesario tener una actitud crítica antes los valores consumistas, individualistas, derrochadores… imperantes en la sociedad.
  • Invertir en material de buena calidad duradero, de comercio justo y ecológico, y priorizando por establecimientos de barrio.
  • Además, también entiendo la sostenibilidad desde un punto de vista económico y social a nivel interno: calidad en puestos de trabajo, retribución justa, buenas condiciones, conciliación…
  • Reducir residuos, reciclar y separar los que podamos. A menudo en cada puesto de trabajo hay una papelera para tirar todo cuando podemos crear nuestro propio punto limpio en el local.
  • Alargar la vida útil de nuestras compras, en especial la “cacharreía tecnológica”, altamente contaminante.
  • Usar tecnologías de bajo consumo o minimizar el impacto: electrodomésticos de clase A, bombillas led de bajo consumo, instalar placas solares, evitar impresiones innecesarias, reutilizar folios, usar tóner reciclados…

Por supuesto, todo lo descrito anteriormente son solo algunas pistas concretas para evaluar nuestra entidad y reflexionar sobre ello. Cada asociación puede establecer otras pautas en base a su realidad y necesidades. Sin embargo, si es importante que se dediquen espacios para analizar la cultura de la entidad y establecer una estrategia común. ¿Te animas?

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